4/1/10

Resumen de una década: segunda parte


Tras los atentados de las Torres Gemelas de Nueva York se declaró la guerra de Iraq. Bush hijo estaba muy contento de tener su propia guerra. Afirmó contundentemente que Iraq era uno de los artífices y daba apoyo a los islamistas radicales autores del atentado de Nueva York, y que disponía de armas de destrucción masiva. Zas! la paranoia colectiva se puso en marcha. Los recelos frente a posibles e hipotéticos peligros son increíbles. Comenzar una guerra por la sospecha de que la política armamentística del enemigo sea potencialmente peligrosa para toda la humanidad resulta cuanto menos paranóico y delirante. Los resbalones en la ducha causan más muertes al año que muchas otras cosas, pero nadie considera la ducha como un potencial peligro a aniquilar. El objetivo diplomático era librar al pueblo iraquí del yugo de Sadam Husein; el verdadero y encubierto era más negro que el futuro de estas gentes y se extrae con bombas, se supone que industriales, de las entrañas del planeta. Sangre por petróleo. Corría 2003 y Aznar era presidente en España. Se alió con EE.UU en combatir el llamado Eje del Mal y a pesar de la negativa generalizada de los españoles a meternos en una guerra surrealista ahí que nos fuimos. Durante días hubo numerosas protestas y el gobierno de Aznar se ganó el descontento de los españoles. Después, el atentado de Atocha nos confirmó que aquello había sido un error, un gravísimo error por el que el PP fue castigado en las urnas. Casi un millón de personas muertas directamente en esta guerra, un millón de víctimas de una de las mentiras más graves de la década y del siglo. Jamás se encontraron pruebas de la existencia de dichas armas.

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