Para los antiguos habitantes de Carelia el oso ha sido un animal sagrado. Fue creado por Mielikki, señora de los bosques, y cuando mataban alguno debían seguir un ritual para devolverlo al bosque. Ponían su cabeza cara al sol y los huesos eran enterrados bajo un árbol para protegerlos de los depredadores. Sus uñas y dientes se utilizaban como amuletos protectores.
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